Petare: el Multiverso de la calle Lara

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Los nombres de los niños se atajan entre los pases del balón: Germán, Luisber, Richard… están concentrados en el juego y en el tablero. Bajo sus pies, el pavimento se segmenta en franjas de color y figuras geométricas. Cada trazo delimita el área para una actividad (fútbol, kikimbol, Twister). El grupo de niños se mueve en su zona frente al aro de baloncesto, bajo la supervisión de Marcel, que hace las veces de árbitro y jugador.  

A las 12:30 m. del 4 de agosto, los vecinos de la calle Lara tienen las sillas de plástico en la acera, otros contemplan el partido —y a los visitantes que descienden de la encava azul y blanco estacionada en la curva del barrio— desde las terrazas de sus casas. Asimismo, hay quienes forman una cola en el abasto de la familia de Leidy Tovar, cuya vivienda de cinco pisos sobresale entre las demás y marca el límite de la cancha Multiverso; espacio público recuperado gracias a un trabajo conjunto de la ONG Haciendo Ciudad y esta comunidad del sector El Carpintero de Petare.

“Se llama Multiverso porque es una galaxia de ideas, un diseño participativo que combina el arte con un fin pedagógico y las expectativas de la comunidad”, dice Jesús Briceño, cofundador y director creativo de la organización, que nació en 2017 durante las protestas antigubernamentales.

La cuarta casa de izquierda a derecha, en la entrada de la calle, pertenece a Aimé y sus dos hijas. La amplia fachada es la única en toda la cuadra que comparte los colores de la intervención artística, algo que emociona a Aimé: “Ellos [Haciendo Ciudad] me pidieron permiso para pintar mi casa y yo dije ‘bueno, por qué no’. El día que vinieron, llegaron como a las 11 de la mañana y yo ya me había ido a trabajar, cuando regresé, a eso de las 4, y vi mi casita, me dieron ganas de llorar, no me lo había imaginado”.

En la esquina superior derecha de la vivienda hay un hexágono con los lados pintados en rojo y azul. “Es un símbolo energético”, explica Jesús. La figura se repite en el flanco principal de la cancha y en las paredes internas de algunas casas, como eslabones de una cadena que los conecta a todos. La elección de color varía según la identidad de los ciudadanos y sus espacios. El hexágono también es el logo de Haciendo Ciudad.

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La casa de Aimé en la calle Lara. Foto: @haciendociudadv

En el extremo opuesto de la obra, a la altura del abasto de Leidy, el equipo logístico instala un toldo de lona verde. Niños, adolescentes y adultos por igual comienzan a acumularse en las orillas de la acera, a la espera de que se inicie el evento inaugural. La organización, junto con la Fundación RayiLuz y Sin Mordaza, tienen preparada una jornada con actividades recreativas (función de títeres, yoga de la risa, exposición fotográfica, pintacaritas y bailoterapia) para celebrar el espacio comunitario.

Ciento cuarenta y cuatro metros cuadrados comprende el piso de la cancha. El muro que la circunda, y que también fue intervenido, suma alrededor de ciento veinte metros más. En esas medidas tenía su asiento un gran basurero que inutilizaba la zona. El olor a podredumbre mantenía cerradas puertas y ventanas y solía rodear a los hombres ociosos que empleaban el tiempo en juegos de azar.

“Esta era la calle de los chucheros y los valentineros”, comenta una vecina, “las dos familias más grandes del barrio. La gente de la ‘calle alta’ y la ‘calle baja’ se peleaba por el espacio. Pero después de que ustedes llegaron [en referencia a Haciendo Ciudad] eso cambió. Hubo unión, valores”.

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Foto: @haciendociudadv

“Aquí no van a hacer campaña política”

Cuando Érika, jefa del consejo comunal del sector, reparó en el grupo de jóvenes que estaba tomando medidas en una de las paredes de la calle Lara, se les fue encima: “¿Quiénes son ustedes? Aquí no vengan a hacer campaña política de la oposición”.

Los muchachos habían ido al lugar luego de recibir una invitación de Katiuska Camargo, líder comunitaria de Barrio Nuevo, para realizar una pieza en la zona. Katy, quien tiene años de experiencia ayudando a coordinar comunidades para la restauración de espacios, fungió como mediadora de la discusión: “Le explicamos a Érika que nuestro trabajo no tenía nada que ver con un partido político, ella lo entendió y acabó por unirse. Antes que ser opositor u oficialista hay que tener claro que todos somos venezolanos y eso es lo que importa en iniciativas como esta, que buscan el bien de la comunidad”.

La planificación de Multiverso tomó tres meses. Haciendo Ciudad —apoyados por Malfastudio— condujo talleres de capacitación, elaboró diseños, gestionó rondas de limpieza —en las que los vecinos participaron— y consultó con psicopedagogos para verificar una adecuada escogencia de color. “Los niños fueron los que determinaron cómo sería el espacio, incluyendo los colores. Cuando discutimos un posible diseño para las bases de béisbol, por ejemplo, ellos señalaron que la distancia del home y de las bases tenía que ser distinta a como nosotros la estábamos presentando. A esto nos referimos cuando decimos que queremos que sean los usuarios los que definan cómo serán sus espacios”, expresó Ronald Hernández, cofundador de la ONG y director de espacios.

En un fin de semana y tres días ejecutaron el proyecto. La organización se encargó de velar por la logística, entablar vínculos con los líderes comunitarios y conseguir las donaciones de material para completar la pieza. La satisfacción es patente en el rostro de los vecinos, que incluso tienen sus puertas abiertas para los visitantes.

“Nuestra intención es formar personas creativas, gente que no tema trabajar fuera de su zona de confort y que después esas personas puedan autogestionar proyectos sustentables en sus comunidades, por ello es que hacemos énfasis en ver el lado pedagógico del arte, porque creemos que desde allí pueden tenderse puentes para comunicarnos, para expresarnos mejor”, agrega Jesús.

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Uno de los vecinos prestó la terraza de su casa para montar la exposición fotográfica que registró el proceso creativo de la cancha. Foto: @1ankrloz

Los niños están felices

En el quinto piso de la casa donde vive Leidy Tovar está el taller de artesanías de Irene Nobrega, su madre. Irene nació en Portugal pero llegó a Venezuela a los nueve años “y desde entonces soy venezolana, de aquí no me quiero ir”, exclama con una sonrisa. Su padre, Manuel Nobrega —”Que Dios lo tenga en la gloria”— fue quien la instruyó en el oficio del tejido con mimbre, negocio que ella ha mantenido a pesar de la dificultad para adquirir la materia prima de trabajo.

“El mimbre se ha puesto muy caro, así que tuve que reinventarme y usar madera, cartón, plástico. Mi esposo y yo hacemos cestas navideñas, cestas para la ropa. A mis nietos y a mis hijos nunca los tuve sin hacer nada: siempre les pedía que me ayudaran a barnizar alguna pieza y a los niños del barrio, a toditos los que están allá abajo ahorita [en la cancha], yo les enseñé a tejer”, expresa con orgullo mientras se pasea por la estancia para mostrar los muebles, los artículos y los armadores de su taller. En el medio de la habitación cuelga un chinchorro, que se mece con la brisa vespertina.

Con respecto a Multiverso, no podría estar más contenta: “Los niños veían muchas cosas feas en la calle pero con esto se han puesto muy felices, a mí me parece bellísimo”.

Leidy coincide con su mamá y apunta: “Ellos reconocen el carro donde vienen [el equipo de la ONG]”, dice, mirando a los niños desde el balcón, “entonces salen disparados, esperando a la catira, ¡tienes que verles la cara cuando se dan cuenta de que ella no está! Se desilusionan todos. Ellos la quieren mucho”.

La “catira” es Stephanie Marcelot, fundadora de RayiLuz, una organización sin fines de lucro que ella y una amiga levantaron juntas el 30 de octubre de 2015, en Valencia (Carabobo). Su eslogan: “Somos la luz en medio de la oscuridad” ha iluminado las caras de cientos de niños en poblaciones de Canaposare (estado Carabobo), Higuerote (Miranda), Todasana (Vargas) y recientemente en los estados Mérida y Monagas. Esto en un momento en el que la crisis del país —que proyecta una inflación de más de 1.000.000 % para cierre de año, según el Fondo Monetario Internacional— impacta con mayor fuerza en los más pequeños: comprar uniformes escolares, asegurar una alimentación balanceada, salud y recreación resulta casi imposible para los padres que devengan un sueldo mínimo de tres millones de bolívares. Solo en el mes de julio, en Caracas, se necesitaban alrededor de 165,6 millones de bolívares para comprar los implementos escolares.

En ese panorama, RayiLuz pone su voluntad en armar recolectas de útiles, de juguetes, dirigir jornadas de salud y emprender proyectos como las sopas sorpresa, una propuesta que surge después de reparar en el alto índice de niños desnutridos en el país. En Distrito Capital, por ejemplo, la cifra pasó de 54 % a 68 % entre abril y agosto de 2017, de acuerdo con un estudio de Cáritas Venezuela.

Cada vez que Stephanie cruza la cancha, lo hace a zancadas: en ambas piernas lleva abrazados a varios niños.

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De izq. a der: la cola de un perro muy cariñoso; Jesús Briceño Reyes (Haciendo Ciudad); Victoria Figuera (Haciendo Ciudad); Stephanie Marcelot (Fundación RayiLuz); Ronald Hernández Triviño (Haciendo Ciudad) y Adairy Perdomo (Haciendo Ciudad). Foto: Natasha Rangel.

Sin Mordaza: el arte es poder

En el cuarto, la gente está hombro con hombro, todos con la vista en la pantalla. Afuera repica el eco de la música. A un lado de la lona para video beam dispuesta en la pared frontal se halla Daniel Picado, coordinador de Arte Sin Mordaza, un proyecto de la ONG del mismo nombre que también colaboró con Haciendo Ciudad en la realización de Multiverso.

Picado destaca que es la primera vez que Sin Mordaza tiene la oportunidad de participar en una propuesta directamente con la comunidad. La organización ya tiene diez años llevando a cabo diferentes actividades artísticas con el objetivo de “empoderar” a las personas para que usen el arte y la cultura “como herramientas únicas para expresar la vida, sin temor a represalias, y para crear cambios generacionales”.

Conocer las responsabilidades de los entes públicos para que los sectores populares exijan sus derechos y puedan hacer contraloría de gestión, así como brindar asesoría en materia de Derechos Humanos a fin de formar ciudadanos críticos, que puedan identificar y evaluar hechos que vulneren a otros en su entorno, es parte de la misión que persigue esta ONG.

En el ínterin, los vecinos toman la palabra para manifestar su agradecimiento en todo lo que concierne a Multiverso y, a su vez, para proponer nuevos espacios potenciales de intervención en el barrio.

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Los niños de la comunidad disfrutaron de una función de títeres durante la inauguración de Multiverso. Foto: @1ankrloz

Yuca y Ñame

Uno a uno, varios petareños se aglomeraron en la entrada del club Yuca y Ñame. Su atención puesta en la escena que transcurría dentro del local: las siete mesas de madera para los comensales, por lo general acomodadas una junto a la otra en el medio del salón, habían sido arrimadas hacia un lateral y, bailando en el recuadro de cemento que quedaba libre, estaban los visitantes.

Para algunos de los que danzaban en la pista improvisada, aquella era su primera experiencia en Petare. No hubo lugar para prejuicios ni estadísticas en las volteretas y los pasos cruzados al compás de la música. En el coro de los merengues todas las voces fueron al unísono.

La unión, sin distinciones de ningún tipo, también es una forma de hacer ciudad.

“Arturo Uslar Pietri dijo una vez que teníamos que sembrar el petróleo. Yo quiero cambiar la frase y decir que tenemos que sembrar, más bien, riqueza ciudadana, porque ningún barril de petróleo vale más que una persona”. — Jhon Manuel Escudero (voluntario de Haciendo Ciudad).

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Sopa de res y papelón con limón en el club Yuca y Ñame.

 

Fotos: @1ankrloz | @haciendociudadv |Natasha Rangel

 

 

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